Casio, contigo empezó todo.

Como ya os adelanté en mi primer post, quiero que sepáis cuál ha sido mi trayectoria en el ámbito de lo audiovisual (utilizo este término porque describe de una forma más completa mi trabajo de hoy en día como fotógrafo familiar y producción de contenidos para social media). Hoy en concreto os voy a hablar de mis inicios en el mundo de la fotografía digital.

Si tuviera que decir cuándo empecé a tener contacto consciente con el mundo de la fotografía, de una forma más parecida a lo que entendemos hoy en día como fotografía digital, sería cuando me regalaron mi primera cámara de fotos. Era una Casio compacta de 3.5 megapixels.



Hasta la fecha, en mi caso, solo podía hacer fotos con una cámara de carrete de mis padres, a cuentagotas en ocasiones especiales, y debía esperar mínimo una semana para ver los resultados. Otro inconveniente era la incertidumbre de si habría salido alguna foto decente de un carrete y un servicio, el del fotógrafo que revelaba las fotos, ya pagados. Todo esto provocaba un cierto nerviosismo que afectaba en la decisión a la hora de tomar una fotografía, con lo que muchos de los momentos dignos de fotografiar no quedaban reflejados por miedo o falta de valentía. Tenía 24 oportunidades y una advertencia parental en pro del sentido común.

Con la llegada de la fotografía digital se abarataban costes y podías hacer miles de fotos sin miedo, ya que tenía la ventaja de poder borrar y descartar a placer.

Se pasó del "¿Qué habrá salido?" al "¿A ver qué ha salido? uff ¡bórrala!".


Nació entonces la libertad para hacer fotos sin límite ni lugar, debido al reducido tamaño de la cámara me la podía llevar donde quisiera. Por desgracia, hoy en día no sé ni donde encontrar esas fotografías, seguramente almacenadas en CDs en algún rincón del garaje de la casa de mis padres... De todas formas esas fotografías no contarían una historía demasiado elaborada. Eran básicamente fotos de grupos de amigos en verano, o semana santa, y alguna que otra escapada a Barcelona. Si algún día las encuentro, os enseñaría algo.


La primera vez que vi de cerca una cámara Réflex fue la del padre de mi amigo miki, que amablemente nos la prestó para nuestro viaje a Japón el verano de 2008. Por aquel entonces era profesor interino en Cataluña y aprovechamos las vacaciones para ir a visitar a otro gran amigo que estaba estudiando en Tokyo, y que hoy en día sigue allí trabajando.


¡¡¡Vente pa' ca!!!


De derecha a izquierda: Miki, Carlos y yo

En esta ocasión aprendí que no era fácil hacer fotografías en manual sin conocer los parámetros y funcionamiento de una cámara réflex. Eran muchos botones y opciones que manejar. Aunque lo intentáramos, no sacamos una foto decente, lo que provocó que siguiéramos el viaje en automático.


Para acabar esta primera etapa de mis vivencias en el mundo de la fotografía digital, quiero hablaros de una de las fotos de ese viaje. Os aviso que no es una obra de arte, ni derrocha calidad técnica pero tiene algo que aún hoy en día provoca en mi cierta emoción. Y eso es algo que las fotografías deben conseguir.



Un momento fugaz en la isla de Miyajima. Encontramos un ciervo buscando, en la mochila de un turista, algo de comida.


Y os preguntaréis... ¿Ya está?, ¿Por qué es tan especial?


Porque, como aprendería 3 años después en la carrera de Comunicación Audiovisual, cada uno interpreta las imágenes y les da sentido según sus propias experiencias y vivencias previas. Yo no sólo veo una simpática estampa de Bambi buscándose la vida, sino que también me viene a la memoria la vez en la que compramos galletas especiales para ciervos en el templo de Nara y nos abordaron, sin temor alguno, unos ciervos que parecían estar dormidos, pero solo estaban esperando a que algún primo como nosotros comprara galletas. Fue uno de los momentos más divertidos de todo el viaje, aunque en realidad estábamos un "poquito" asustados porque si no les dabas galletas te mordían.



Puede parecer una tontería, pero estoy convencido que si alguno de vosotros ha vivido esa experiencia y entiende la necesidad que habita en estos animales por alimentarse, verá la imagen del ciervo de diferente manera a la de uno que no lo haya vivido.


En definitiva...


la fotografía debe emocionar, y a cuantas más personas mejor.


Aquí no acaban los inicios de mi viaje hacía quién soy ahora, pero creo que me reservo el paso de la fotografía amateur desde mi Casio exilim z3 (por cierto marca japonesa) hacia mi primera Réflex propia para el siguiente post. Y así entender un poco más cómo he llegado hasta aquí. Y si vosotros también habéis llegado... ;)


¡Gracias por leerme!


Me despido con mi cara de Jet Lag. ¡Hasta pronto!














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